Baithaka

Asociación sin ánimo de lucro

“La grandeza de lo pequeño” Una entrevista a Toni Aguilar

en enero 13, 2014

Toni Aguilar

TDHF son las siglas del nombre de una fundación, The Direct Help Foundation,  y su actividad se centra en el barrio 18 de Katmandú en Nepal, y más concretamente en la ayuda a niños de la calle o sin hogar.

El primer centro, abierto en 2001, acogió a siete niños, de las que seis eran niñas. Fueron ellas quienes dieron nombre a la casa: Kumary House (la  casa de las princesas). Ese fue el comienzo de la aventura de Toni Aguilar, el fundador, un barcelonés, informático de profesión, que decidió instalarse en Nepal, después de conocer y hablar con Vicente Ferrer en Anantapur. Toni reconoce que ese encuentro le cambió la vida, fue a verlo para ofrecer su ayuda, pero Vicente Ferrer le planteó un reto mayor: que pusiera en marcha su propio proyecto. Posiblemente intuyó el tesón y humanidad de Toni, quien, después de pensarlo detenidamente, se decidió por Nepal.

Me comentaba Toni que el motivo de instalarse en esta ciudad (altamente contaminada, por cierto) fue muy pragmático: las ayudas internacionales a este país son muy inferiores a las que se destinan a la India. Pero Toni no parece que sea un hombre que haga las cosas a medias. Desde que llegó a Katmandú no ha regresado a Barcelona. Afortunadamente, las nuevas tecnologías le permiten estar en contacto frecuente con la familia y amigos, que lo apoyan de forma incondicional.

Y esas nuevas tecnologías son las que nos han permitido mantener una conversación, él en Katmandú y yo en Barcelona.

Toni, siempre me llamó la atención el nombre de la fundación. ¿Crees que las ayudas en las ONG no llegan de forma mayoritaria a la infancia?

El nombre de “Fundación para la ayuda directa” ( TDHF ) surgió al ver cómo la ropa y alimentos que se enviaban para ayudar a las familias pobres era vendida en los mercados de Kathmandu. Pude ver ante a mis ojos el negocio que hacían algunos con la ayuda internacional.

Entonces recordé la ropita que acostumbrábamos a guardar en casa para los niños necesitados de otros países y también me vinieron a la memoria noticias que antes no podía creer, como que alimentos y juguetes que tenían que ser distribuidos entre niños pobres eran vendidos.

Así que decidimos que lo mejor sería administrar poco, pero con la seguridad de que todo llegaría a las personas a las cuales iban dirigidas las ayudas.

Kumary House

Para poner un ejemplo actual y documentado, hoy se está vendiendo arroz japonés en el mercado y en tiendas del valle de Kathmandu. Este arroz llega a Nepal para ser distribuido como ayuda entre las familias más pobres de las montañas, pero es más cómodo venderlo en los mercados del valle. El problema no es solamente este, sino que este arroz procede de Fukushima… y a saber cuántas atrocidades de este tipo ocurren en el mundo y que se venden oficialmente como ayuda humanitaria.

La labor que realiza TDHF en Katmandú más que un trabajo parece el resultado de una vocación, de una manera de entender la vida.

Sí, es cierto que hay mucho de idealismo en lo que hacemos, y que vamos aprendiendo mientras se anda, y que en esta manera de hacer hay obstáculos y dificultades, pero hasta el día de hoy también vamos encontrando los recursos necesarios y la gente que nos apoya es muy generosa y comprensiva con los errores que podamos cometer. Estoy convencido de que la ayuda directa es una forma de ayuda muy eficaz, porque permite conocer a cada persona por nombre, y adecuar cada ayuda a su necesidad concreta.

Cuando le pregunto sobre qué ha aprendido estos años, Toni se queda pensativo y tengo la impresión de elige con cuidado sus palabras.

Estos años de trabajo en el barrio me han ayudado a aprender. Cada día me trae una nueva lección. He conocido gente muy diversa en sus formas, tradiciones y cultura. Pero sobre todo me ha permitido reflexionar sobre la pobreza y sus causas. Y  todo ello nos ayuda a procurar que administremos las ayudas de manera flexible y adecuada a cada necesidad.

Casa de las viudas

Cada día es una nueva oportunidad, un día más para mejorar, para aprender y practicar y para intentar hacerlo mejor.

¿Y qué ha cambiado en el barrio desde que llegó TDHF?

Cuando llegamos al barrio 18 habían unas 350 familias ancladas en la pobreza y actualmente quedan entre 100 y 120 pero que están saliendo adelante.  La mayoría son mujeres viudas con niños pequeños y en edad escolar. Esto quiere decir que en estos años de trabajo bastantes familias han podido mejorar gracias a que han aprovechado bien los programas de alfabetización y formación profesional. Todos los niños del barrio están escolarizados y es de esperar que en pocos años puedan ayudar a sus familias y ahora también pueden verse nuevos pequeños comercios.

En tu opinión, ¿qué cambios son más difíciles de realizar?

Por ejemplo, cuando nos encontramos con familias pobres donde hay alcoholismo las dificultades aumentan. Los niños sufren mucho la situación de violencia, las madres apenas pueden alimentarlos porque el poco dinero que ganan se los quita el esposo para comprar alcohol, y en estas situaciones cuesta más que estas familias puedan normalizarse.

¿Cómo te imaginas TDHF en diez años o sin ti al frente de sus actividades?

Niñas en Kumary House

Sinceramente no lo sé. Hoy veo la vida como una aventura constante y cambiante, y solamente puedo soñar con un barrio sin necesidades básicas, y donde la gente que haya podido avanzar gracias a ser ayudada también sea capaz de compartir y ser solidaria con sus vecinos. Quizás este es el gran desafío que tenemos y no solamente en este barrio, sino en todas partes y a muchos niveles. La palabra mío, debería ser cambiada por la palabra nuestro, mi pan por nuestro pan, y no quiero perder la esperanza de que un día pueda ser posible, pero….

El futuro está por escribir.  Lo que no me cabe duda de que ese futuro será posible a partir de esa multitud de pequeños gestos que llenan la vida cotidiana del equipo de TDFH, pendientes de las necesidades, ya sean pequeñas o grandes, porque todas son importantes para ellos. Y de las ayudas de ese pequeño (gran) grupo de amigos y colaboradores que los apoyan y que hacen posible que esta fundación sea una posibilidad de una vida mejor para los niños y niñas del barrio 18 de Katmandú.  Les invito a visitar su pagina web y a colaborar con ese pequeño (gran) círculo de benefactores.

Entrevista realizada en diciembre de 2013 por Soledad Román, para la revista “Inspira” de la Fundación Roger Torne

FUENTE: www.fundrogertorne.org

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